Unificó
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martes, 29 de noviembre de 2011
Sin título
Está a mi lado, pero no la recuerdo, se me hace familiar su voz, es por eso que la escucho… en realidad no me interesa lo que dice, pero me gusta escuchar su voz.
La primera vez que la vi estaba a mi lado, recargada en mi cama. Sentí mi cuerpo torpe, pero aún más mi memoria, no recuerdo como llegué a mi habitación y aún menos como ella llegó ahí. Poco después despertó, al mirarme me abrazó y dejó caer en mí lágrimas, poco después me sonrío; ¿Quién eres? Pregunté.
Desde entonces me busca todos los días, pero aún no me dice su nombre; me pide que lo recuerde, me pide que sea el de antes, lo intento pero yo no quisiera ser algo que no soy.
En mi mente es otoño, pero todo indica que estamos en invierno, ¿en que momento el tiempo decidió hacerme esta broma? A veces me hacen preguntas al azar sobre mi vida, al parecer todas las contesto de forma correcta, se quien soy y de donde vengo, puedo recordar mi adolescencia inclusive mi niñez, recuerdo todo, pero a ella la he olvidado.
Sabe todo de mí, o al menos lo importante, sabe como tratarme, pone su mano en mi rostro cada que voy a estallar, me deja calmado, pero no me deja en paz; quien es ella.
Hoy apareció en mi puerta, ya no me extraña, me estoy acostumbrando a su presencia; entre sus manos había un montón de papeles, los cuales acomodo en mi mesa y me pidió que me sentara. Me mostró de principio a fin, empezó por unos versos escritos en tintas de tono azul y negro, poco después algunos bocetos de cuadros y al final una plana de un periódico, en el cual hacían uso de mi nombre y a un lado la foto de un carro hecho trizas. ¿Cómo es posible que lo único que no recuerde es a ella?
Es entonces que trato de recordar ese otoño gris, que se llevó en sus manos memorias y aromas de momentos que bañaron mi destino, mi presente.
Alguna vez me dijeron que todo era pasajero, trato de entender este momento y respirar, sin embargo necesito aquella respuesta que me pueda librar del pasado, un pasado que no recuerdo, un pasado del cual no he aprendido una lección, un pasado en el que ella estaba ahí, a mi lado.
Ahora solo me quedo observándola, tratando de encontrar las respuestas a mis dudas, la veo a ella y veo a su sombra, a veces me parece que mi sombra se inclina hacía ella, pero cuando esta apunto de tocarla, se arrepiente.
A ella le gusta inventar historias que hablen de nosotros, en el que nos inventa nombres, en los que inventa situaciones; ella tiene labios de agua, cuando comienza a hablar es como navegar en el mar, por un momento me desintegro en el sonido de su voz y comienzo a viajar, todas sus historias hablan de días que se vuelven nuestros; pero solo son cuentos que parecen historias; en estos me describe distinto, me hace sentir que habla de alguien más; me siento más perdido que nunca.
A veces quiero recordarla y a veces no, tal vez yo la quise olvidar y puede ser que sea mejor así, puede ser que nunca debimos habernos conocido, pero al mismo tiempo me pregunto que era de nosotros.
Hace solo unos días trate de salir en carro, solo para recorrer la ciudad, al abrir el garaje encontré un gran espacio vacío; el carro estaba ahí, pero me hacía falta algo más.
Sus manos ahora son el polvo, tal vez antes ella era la danza de mi voz, me hace falta encontrar la respuesta a sus historias, solo soy un náufrago que se perdió en esas historias.
Ese día comencé dos recorridos, uno en mi mente y otro en la ciudad, ambos buscaban encontrar la misma cosa. Ella mencionó en su primer cuento “los botones ansiosos por conocer la belleza de la vida y las flores que mueren y caen como lluvia, para buscar dar la vida una vez más”, entonces recordé los primeros días de otoño, yo solía sentarme debajo de los árboles, prender un cigarrillo y empaparme de una lluvia de flores. Prendí entonces un cigarrillo, pero ahora no había una lluvia, ahí estaban los botones, pacientes, esperando.
Luego recordé un fragmento del segundo de sus cuentos, “ …esos dientes no eran tan peligrosos como lo imaginamos y con un soplido los pusimos a bailar…” entonces me dirigí hacia la cima de una colina en la cual solía robar los Dientes de León. El invierno y sus vientos llegaron antes que yo, en medio de ese verde desierto pude encontrar al final un sobreviviente, el último Diente de León, como si estuviese esperando por mí; decidí tomarlo y con un soplido hacerlo bailar.
Entonces sus cuentos tomaron otra forma, ahora se acercaban más a una historia…
Pronto recordé el tercer cuento, aún no estoy seguro de llamarle historia. Ella dijo “... entonces las flamas consumieron con el tiempo a todo y a todos, solo ellos sobrevivieron, por que estaban pendientes el uno del otro…” recordé las flamas, recordé la gente, recordé el lugar y me dirigí hacia el. Aún estaban ahí las cenizas, no encontré a la gente, pero encontré un recuerdo, encontré su voz.. estaba seguro que era ella y que habíamos estado ahí, no recuerdo como, pero estuvimos ahí.
Me tomé un respiro, me sentí agotado, el frío en mi cuerpo me obligó a dejarme caer, puedo continuar, sólo fue un momento de debilidad.. Entonces me encontré ahí acostado, justo como aquella vez, ahora solo y en realidad nunca lo noté.
Entonces continué.
Se hace tarde y mi necesidad de encontrar respuestas no me dejará descansar, entonces regresé a la carretera y pisé el acelerador, me encuentro cada vez más lejos de casa, pero ahora me encuentro más cerca de obtener respuestas.
Comenzó a bajar la temperatura y al mismo tiempo el sol me abandonó, lo que no me abandona es la duda, la rabia, la desesperación. En el camino traté de inventarle un nombre, por más que traté nunca logré en realidad ponerle el más adecuado. Por un largo tiempo traté de recordar la cuarta de sus historia, pero el frío en mi cuerpo no me dejaba pensar, mis manos se congelaban en el volante, entonces yo deseaba que fuera otoño otra vez. Prendí la calefacción y el frío no cesó, entonces comencé a temblar y ese temblor fue el que me hizo recordar “ entonces todas esas estrellas y su luz sentían el frío, al igual que nosotros, a lo lejos las veíamos temblar…”
Entonces dejé de ponerle nombres y actué, fui directo a aquel lugar, a tratar de recordarla, a tratar de recordarnos.
Poco después, vi la ciudad a mis pies… y como alguna vez dije , o al menos eso me hace creer, miré a todas esas luces deseando ser estrellas, vi a esas estrellas pasar frío, entonces la recordé a ella, ahora la pude ver, a mi lado por primera vez; lamento no recordar que fue lo que pasó, pero al menos se que ahí estuvo ella, con la ciudad en nuestros pies, pasando frío al igual que nosotros.
Y aún después de un día largo, quiero ser otra vez yo; tal vez pretendí que nada nos separaría, ahora se que eso fue un error, y no encuentro una razón para esconder nuestro pasado, no encuentro una razón para esconder nuestra verdad; comienzo a recordar y me arrepiento de olvidar. Tal vez estas secuelas en la mente sólo las pueda ver hoy, el recorrer este camino, estas huellas, parece haber sido una buena idea,¿Por qué mi mente quiere fingir?, No quisiera ser alguien que no soy, no quisiera ser algo que no soy.
Las ideas que llenan mi cabeza comienzan a hacerme sufrir, entonces decido prender el estéreo, decido distraer mi mente y poco después me doy cuenta que el disco se reproduce a la mitad de una canción, entonces recuerdo “…me convertiste en música, me hiciste una canción, me llevaste en un disco… pretendiste dejarme en un recuerdo y a cambio me hiciste la letra de una canción”.
Esta vez no tuve que moverme del lugar, a cambio reproduje la canción y entonces apareciste en mi mente, ahora de manera más clara, pero ahora te recuerdo alejándote, te recuerdo lejos de mí, pero aún estando ahí.
Entonces me pregunto si en verdad te quiero recordar, poco a poco comienzo a imaginar, comienzo a darme cuenta de las cosas y entonces decido parar, por el momento me quedaré hasta aquí, con mis dudas, que ahora son menos; ahora creo que puedo arrepentirme de esta decisión y me doy cuenta que en verdad no fue casualidad.
Ese día decidí irme a casa, pensar y tratar de asegurarme si lo que en verdad quiero es recordar.
Duermo.
Despierto.
Espero tu llegada, me acostumbre a verte, te recuerdo, pero sigo sin saber quien eres.
Pasé cuatro horas y media esperando tu llegada, nunca sucedió, entonces traté de llamarte y no respondiste, espere un mensaje que nunca llegó, entonces me decidí a emprender la última parte de este viaje.
El hecho de que no aparecieras fue lo que me llevó a tomar la decisión de buscarte otra vez, ahora estoy seguro de querer encontrarte.
Me encuentro en la carretera, otra vez sin rumbo, recuerdo su voz,, su rostros, sus gestos, entonces es real, lastima pensar que solo sea una broma más de mi mente. ¿Cómo es que la fui a olvidar?
Mi voluntad por recordarla me hizo llegar a otro lugar, el cual recuerdo que citó, “…entonces dividiste el mundo en dos, en una la ciudad y del otro lado, todo aquello que no podemos apreciar, todo lo que no podemos ver…”
Frené en el lugar correcto, me bajé y comencé a correr, comencé a subir, me quedé sin aliento, estoy seguro de que es el lugar correcto, sigo subiendo, las botas en se atascan en la tierra que poco después resbala, como si me pidieran que me quedara, que no continuara… llegué, ahora todo comenzó a tomar forma.
Te recordé, me recordé, entonces volví a conocerte y al mismo tiempo me di cuenta de por que me alejé, me di cuenta por que olvidé, me di cuenta que nunca debí buscar una respuesta.
Entonces fuiste la única que lleve a ese lugar, ahí mismo fue donde busqué la respuesta, ahí mismo fue donde recordé que se acercaba el invierno, se acercaba la soledad, donde preferí una guerra contigo.
Ahí fue donde la última vez que pregunté, donde busque las opciones para poder saber que hay en ti, de las cuales esperaba respuesta…
Poco después me decidido a olvidarte tomé un taxi con el cual pretendí alejarme, mis deseos de poderte olvidar me llevaron aquí, otra vez a ti.
Entonces te recordé, ahora se quien eres.
Por un momento quise salir a buscarte, correr tras de ti, volver a decir lo que hay en mí, en cambio, me calle, fingí otro vez, ahora tuve voluntad y mi amnesia regresó, o al menos aparento que nunca se fue, te recuerdo, aunque no te lo diga, te recuerdo.
Ahora recuerdo tu nombre.